Lanzando varias frases de difícil traducción, latita en mano el pintoresco personaje de la fauna política esteña se creyó dueño de una calle y comenzó a desafiar al rollo, generando antes que temor las risas de los presentes.
El “intendente por 48 horas” en un momento incluso llegó a correrle a uno que pasaba por ahí, se le fue con todo cruzando la calle sin ninguna precaución y casi fue atropellado. Luego llegaron unos agentes de Policía para tratar de calmarlo y lo retiraron de allí bajo el grito de la gente que le decía: ¡Vendido!, ¡vendido!

