El señor se llama Francisco Santana, tiene 68 años y lleva 40 trabajando vendiendo helados frente a la escuela donde va la nena, en la ciudad de Crato en rapailandia. Y todo comenzó cuando la pequeña se acercó hasta el carrito del don para comprarse un helado y le preguntó al heladero si sabía leer. El hombre le dijo que no, pero que tenía muchas ganas de aprender. Entonces ella decidió enseñarle.
Todos los días le da clases en la puerta de la escuela, con la ayuda de una profesora que se sumó al gran gesto de Bárbara, quien intenta que el vendedor escriba palabras simples, hasta llegar a su nombre.
Por su parte, el heladero siempre soñó con ser periodista, pero la vida dura le llevó a interponer el trabajo antes que el estudio, pero está muy feliz de que ya podrá escribir su nombre.
“Ella es mi maestra. Es una persona muy linda, gentil y especial. A la hora de la salida ella me enseña el alfabeto“, dijo el señor cuyo futuro desafío es saber algo de matemáticas.

