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Salió de la cárcel y va a “salvar” a su esposa

Hace 7 años, Julio Silguero (34) y Liz Benítez (29) se conocieron en una iglesia. Desde ese día, él se convirtió en el ángel guardián de ella. Fue su sostén ante una dura prueba que la mujer padece hace más de 17 años: una enfermedad renal.

“Cuando nos casamos prometí ante Dios estar con ella en la salud y sobre todo la enfermedad. Por ella daría todo”, dijo el hombre, quien con su actitud construyó los cimientos de la relación sobre las rocas y no sobre la arena. Julio siempre quiso ser el donante que necesitaba su esposa, y no descansaba con tal de ver a Liz feliz. Pero en unos de los varios días en que la joven se internó en el Hospital de Clínicas, a Julio le ganó el cansancio y eso lo llevó a cometer un error. Tomó un medicamento –que actúa de sedante– que era de su mujer.

Julio asegura que solo quiere ver feliz a su esposa.

“Quería dormir, no podía y por eso tomé ese medicamento”, explicó Julio. Pero el remedio lo sacó de sí. “Estaba como drogado, el demonio se apoderó de mí”, tiró. Y, siempre según sus dichos, sin saber lo que hacía habría asustado a una licenciada en Enfermería del hospital. Lo culparon de robo agravado y por ese hecho fue condenado a 4 años de prisión. “Cometí un error y lo pagué”, dijo.

Pasaron 4 años y Julio recuperó su libertad luego de tocar la cárcel de Emboscada como si fuera su piel. “Allí dentro los días pasaban como si fueran tortugas en cámara lenta. Solo pensaba en lo mismo una y otra vez: ¿Será que Liz está bien? Mi fe me daba la respuesta a que sí. Solo esperaba el día en salir y darle un beso y decirle ‘estoy aquí para darte esa prueba de amor para que empieces una nueva vida, siempre caminando juntos de la mano de Dios’”, explicó. Y esa prueba de amor es ser el donante del riñón que necesita Liz. “Ese es mi deseo, si Dios permite quiero cumplirle el sueño a mi esposa, ser la persona que le dé el riñón que necesita”, finalizó.

Por ella daría lo que fuera”

“Si Dios permite quiero cumplirle el sueño a mi esposa, de ser trasplantada y salvar su vida”, dijo Julio. “Ese es el gran deseo que tengo. Por ella daría lo que fuera. Sé que Dios me dio esta oportunidad de estar con ella nuevamente y si es su voluntad yo le voy a donar y si no, entonces Él está preparando un donante cadavérico. Le entrego a Dios. Pero si es por mí yo le donaría sin dudar”, agregó.

“Ella me dice que va a esperar un donante cadavérico, pero yo quiero ser ese donante que necesita. Pero lo dejamos todo en manos de Dios. Lo único que quiero es que ella ya no sufra con esa enfermedad”, finalizó.

Al verme me agarró y me alzó upa”

Por su parte, Liz, desde su casa, ubicada en San Lorenzo, explicó que la relación se mantuvo fuerte en medio de la tormenta que duró 4 años. “Nos aferramos a la fe en Dios. Él nos mantuvo y nos mantiene parados y firmes”, dijo. La mujer comentó que se estaba dializando cuando recibió la noticia que su marido salía en libertad. “Al verme me agarró y me alzó upa. Sentimos una felicidad inmensa”, dijo. Comentó que su marido quedó solo con la ropa puesta porque decidió dejar todo en la cárcel. Agregó que hasta el momento Julio no consiguió trabajo y que están buscando conseguir un carrito para vender hamburguesas y pancho. “Estamos buscando ayuda para eso”, dijo.

Una misión que tiene: hablar a los jóvenes acerca de Dios

“La verdad que yo no robé nada. Pero eso sí, cometí un error, estoy arrepentido de lo que hice y pido perdón. Pero como te dije fue un error involuntario, ese remedio me sacó de sí”, comentó Julio, quien agregó que los días en la cárcel parecían eternos. “Yo solo quería salir y estar con ella. Liz siempre iba a visitarme y eran los momentos más felices dentro de Emboscada. Pero en los demás días yo solo oraba para que ella esté bien. Lloraba porque no podía estar a su lado en su lucha contra su enfermedad”, agregó.

Julio explicó que estando dentro hizo una promesa con el de arriba. “Yo le dije a Dios que si es su voluntad y que si Él me sacaba de la cárcel yo iba a llevar su palabra casa por casa, y eso voy a hacer, me sobran las ganas de predicar y hablar a los jóvenes de Dios”, finalizó.

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