La celebración de la boda llamó la atención del mundo. En medio de una tradicional ceremonia precolombina, los novios se unieron como parte de una antigua tradición que busca asegurar buenas cosechas y abundancia al pueblo.
La “novia”, conocida como “la princesa”, fue delicadamente vestida y preparada para la boda. El alcalde también vistió de blanco y tras ser unidos por un sacerdote, la fiesta terminó en un alegre bailongo.
Con este ritual se pretende que Dios les dé la unidad suficiente para vivir en comunidad, además de fuerza de vida necesaria, la germinación de las semillas y alimentos en abundancia. Además el matrimonio del alcalde con “la princesa” tiene la intención de “llamar” el agua para abastecer los ríos y así la comida, según testimonio del jefe municipal.


