
De una falta, “Trico” hizo magia gracias a los pies de Ernesto Álvarez. Sí, el “Pinti” ingresó a los 72 para tratar de ayudar a sus compas. ¡Y de qué manera lo hizo!
Álvarez agarró la pelota, con plena confianza le aplicó el “déjenme a mí” a los otros aspirantes al remate, y el resto es historia. La colocó allá, lejos de la humanidad de Martín Silva, quien se estiró como chicle pero no había caso alcanzar ese balón, que tomó la curva justo a tiempo para el único tanto del encuentro.
El Guma después empujó como pudo, a los centrazos, pero ya era tarde y el tropiezo se volvió realidad.

