Para darle emoción a su jornada encontró una escopeta de fabricación casera con la que comenzó a jugar, pero le faltaba algo para que sea mas divertido, entonces fue a buscar unos cuantos petardos que se salvaron de algún acontecimiento.
Fue entonces que sin pensar metió dichos explosivos en el caño de la escopeta y le prendió fuego a la mecha, aparentemente con la intención de emular el efecto que ocurre cuando los cartuchos de la escopeta son percutidos y darle ese sonido del estruendo.
El olor de la pólvora al fundirse entre las llamas aumentaban la adrenalina en el mitãrusu, pero la carga explosiva del mbokavícho utilizado fue suficiente para destruir los cañones del arma casera, ocasionándole lesiones en los brazos y parte del rostro, dejándolo atontado por algunos momentos. El mitã’i cayó al suelo y comenzó a pedir auxilio.
Los familiares lo llevaron de urgencia hasta un centro asistencial en Filadelfia, pero por recomendación del médico de guardia fue derivado hasta la capital para que sea sometido a estudios más complejos.


