El accidentado permaneció inmóvil durante cinco días en la misma posición hasta que su hermana, que fue a visitarlo, lo encontró y pudo finalmente rescatarlo y trasladarlo al hospital más cercano debido a los síntomas de deshidratación que sufría.
Ningún vecino se percató de que el sexagenario se había accidentado mientras intentaba reparar el baño de su vivienda. Pero lo peor no fue la caída, sino que al intentar liberarse y tras el golpe recibido, la cabeza del hombre comenzó a hincharse debido a la falta de riego sanguíneo, haciendo más difícil todavía que pudiera zafarse de la escalera. Tampoco podía desplazarse ni acercarse a su teléfono móvil para hacer alguna llamada de socorro.
Solo podía gritar, tirado en el suelo y con la cabeza encajada entre dos de los escalones de la escalera. A pesar de todo ese tiempo sin moverse el hombre aún estaba consciente.


