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Entre los yuyos y el arte del ñandutí forjó su vida

Faltando varias horas para que la luz del astro sol alumbre complemente las calles de la ciudad de Itauguá, doña Nilsa Ruiz Díaz ya aborda el primer micro que la lleva directamente al Mercado N.º 4 de Asunción, en donde trabaja arduamente todos los días. “Desde las 5 de la mañana ya estoy acá trabajando, y en mi casa si que llego a las 10 de la noche”, relató a Crónica la mujer, que con sus 63 años edad sigue laburando como en sus años de juventud.

En una esquina del populoso centro comercial, sobre la Avda. Mayor Fleitas, doña Nilsa prepara sus yuyos para la venta, gracias a los cuales pudo criar a todos sus hijos.

Su foto realizando su trabajo recorrió las redes, en donde se ganó muchos aplausos.

Sin embargo, esta capeta yuyera se destaca de todas las demás por un trabajo extra que realiza y en el mismo lugar, pero cuando ya está un poco liberada de los clientes que vienen en busca de su gran variedad de remedios refrescantes. Sobre un asiento, torcido por el paso del tiempo, reposa esta gran mujer paraguaya, quien con sus manos llenas de polvo y barro, con agujas, hilos y una tela de lienzo, desarrolla un gran arte que no todos saben plasmar.

“Desde los 7 años que soy tejedora, todo lo aprendí de mi mamá, ella fue una gran tejedora”, aseguró con una voz baja, removida por los recuerdos que la llevaron a esa época en donde su madre hilaba con ñandutí, su vida y la de todas sus hermanas. Doña Nilsa, por este gran laburo, se volvió muy conocida hasta por los turistas, quienes se quedan sorprendidos por el gran talento que tiene para seguir tejiendo el tradicional ñandutí.

“Te envidio tu ojo me dicen todos, porque no uso todavía anteojos”

“Nosotros tejíamos por las noches bajo el lampiun mi sueño era tener luz y piso en mi propia casa, para seguir haciendo lo que me gusta”, afirmó doña Nilsa, quien tras sus 27 años de trabajar a sol y lluvia, pudo conseguir cumplir lo que ella alguna vez creía imposible.

La mujer contó que si bien los años en su vida pasaron muy rápido, lo que nunca perdió fue la óptima visión que tiene. “Te envidio tu ojo me dicen todos, porque yo hasta ahora no uso todavía anteojos”, he’i la valécha mujer.

Afirmó que desde las dos de la tarde a full ya empieza a tejer, para que sus ojos no se cansen y se cierren movidos por el sueño, que alcanzan a esa hora. “Hacemos en esa hora para no dormir”, le bajó.

EN GENERACIÓN. Doña Nilsa contó que así como su difunta madre lo hizo, ella avei regaló su gran conocimiento a sus dos hijas, quienes ya son unas capetas tejedoras. “Ellas también son tejedoras, estamos pasando esta costumbre de generación en generación”, explicó la mujer.

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