Durante un fuerte vicheo de los empleados aduaneros se requisó una gran cantidad de cajas con latas de cervezas, carnes de pollos faenados y otras mercaderías que suelen traer los muchachos. Pero lo que realmente llamó la atención de los intervinientes fue la incautación de un automóvil que estaba cargado al tope de gallinas vivas, no había un lugar donde no fueron introducidas las aves. Es más, al abrir el capó del rodado, el compartimento del motor estaba repleto de aves ponedoras, que estaban con las patas atadas y apilonadas anga de forma bestial.
Al supuesto dueño de estos pobres animalitos no le interesó ni en lo más mínimo la condición en la que las estaba transportando. El vehículo y la carga quedaron incautados, en tanto que el chofer quedó a disposición de la Justicia.


