Su construcción empezó en 1987, la idea era que se abra al público en el 89, pero los problemas de dinero no lo permitieron.
Así quedó hasta 2008, cuando el gigantesco edificio abandonado recibió nuevos obreros. Para los gobernantes norcoreanos era una vergüenza no poder concluir su estructura más promocionada.
Una empresa egipcia decidió terminar la construcción. Además de las 3.000 habitaciones, los 8 restaurantes giratorios y algunos casinos y clubes nocturnos, los egipcios se hacían cargo de otras innovaciones revolucionarias.
En 2018, el líder King Jong-un puso en marcha una campaña de propaganda para anunciar la apertura del hotel, aunque el edificio no cuenta con servicio de electricidad.
Pero Kim decidió adornarlo con más de 100.000 luces led que durante varias horas todas las noches transmiten propaganda y la bandera norcoreana de 40 metros en el cono superior.
Muchos creen que Kim Jong-un tiene dos fechas en mente para inaugurar el mayor edificio de su nación. Podría ser el 30 de diciembre de este año, cuando cumpla ocho años en el poder. O el 8 de enero del próximo año, cuando el líder cuando cumpla 36 años de edad. Será cuando ese hotel maldito lleve 32 años en pie y sin ningún cliente registrado en su larga historia.


