Contó en un documental cómo nació este cariño por los peluditos que conviven en su casa hasta duermen con él en la cama.
El arriero dice que llegó uno y su gentekuéra quiso espantar, pero él le metió en una cajita y vio que eran mansitos, he’i. Por las calles también se pasea con sus anguja’i aunque a algunas personas que los ven les da cosa, el tipo feliz de la vida.

