Hasta ahí todo bien, solo que la golosina, siempre según la denuncia de los pobladores, contienen en su interior ¡trozos de vidrios!
“Aquí estuvieron y repartieron a los niños el chocolate. Gracias a Dios una de las mamás se percató que tenía vidrios y no comieron. No sabemos qué hacer porque en otros barrios también pasó lo mismo”, dijo a Crónica doña Mariela Duarte, vecina del barrio 23 de Octubre, donde el temor reina ante esta situación.
“Se desplazan en una furgoneta negra, algunos dicen que son brasileños. Nosotros hicimos la denuncia en la Comisaría 2.ª aquí del barrio porque necesitamos que esto pare. No sabemos por qué quieren dañar a los niños”, finalizó.

