La vida de Emma y Stuart Labuschagne, padres de Michael, cambió radicalmente desde marzo pasado, cuando descubrieron que su bebé había dejado de respirar.
Aquella vez, Michael sufrió un paro cardiaco en su casa, los paramédicos lo reanimaron con un desfibrilador y le inyectaron adrenalina para estabilizar los latidos de su corazón.

