No era hija de ningún político. No era una modela famosa. Era una nativa de la aldea indígena La Esperanza, ubicada en el distrito Irala Fernández, departamento de Presidente Hayes, a tan solo 400 kilómetros de Asunción, donde tranquilamente se le podría haber salvado la vida.
La radio Pa’i Puku, un verdadero emblema de las comunidades de la Región Occidental, dejó un mensaje tan profundo como doloroso en torno al caso, asegurando que “ella murió como suele suceder en el Chaco, en el olvido de un sistema de salud que no funciona. De un Estado ausente”.
El golpe más bajo fue el que recibió la familia, cuando sabiendo de la suerte de la menor, recibieron de vuelta el cuerpo de la misma en una caja de cartón, de esas que se usan para cubrir las heladeras. Sus seres queridos, sacudidos por todo lo que pasó, le dieron sepultura con la ceremonia correspondiente.


