Explicó que fue un trabajo artesanal y esperaba que la gente se anime a copiar su idea.
De paso, dijo que le gustaría ser invitada a algún corso del país. Y consiguió nomás lo que quería.
Le consiguieron un lugar en el sambódromo de Encarnación, como invitada.
Se fue y entró con sus latitas. Cuentan que no cobró nada, aunque sí le cubrieron los gastos de su estadía y de sus pasajes.

