Esa fue la escena que se vivió en varios rincones de nuestro país. La tradición no se perdió pese a la pandemia. Es más, la fe y la esperanza de la gente se sintieron como nunca.
Sino, que lo diga doña Rosa Barrios, de 77 años. La abuelita, quien vive en el barrio Kokue Guazú, de Areguá, preparó -junto a toda su familia- su propia palma y esperó a que el pa’i pase por el lugar a dar la bendición. Y cuando lo hizo, ña Rosita sorprendió a todos.
Desde la camioneta en la que iba el cura Arnaldo Agüero se escuchaba una música de alabanza y la abue no dudó en invitar al pa’i a ¡bailar! Lo hicieron, respetando la distancia uno del otro y por una razón.
“Estamos pasando momentos difíciles y es ahí donde nuestros corazones deben estar alegres y dar gracias a Dios. Hay que ser alegres en momentos como este”, dijo a Crónica ña Rosita.
“Che ajeroky kuaa ha che gustá voi. Y hoy, en medio de esa alabanza, le dije al pa’i para bailar y danzar para Cristo. Eso sí, desde una distancia considerable.
Hay que estar alegres en medio de la tormenta”, replicó ña Rosita. “Solo la oración, la fe y la alegría por dar las gracias a Dios pueden hacer que estos momentos difíciles se pasen en paz y tranquilidad”, finalizó

“Tenemos que estar entregados a Dios”, dijo
“Este Domingo de Ramos fue diferente. Se recuerda la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y no pudo ser representada como siempre, con la imagen en procesión y la multitud con los ramos. Pero igual sentimos esa paz y esa felicidad en medio de esto que estamos viviendo”, he’i ña Rosita. “Solo en Dios tenemos esperanza y ahora más que nunca tenemos que estar entregados a Él y que se haga su voluntad en nosotros”, añadió la abuelita, quien es considerada la mamá guasu de todo el barrio Kokue Guazú de Areguá.


