La doctora la vio frente a su clínica y, sin dudarlo, la alimentó, la bañó y hasta le puso un collar y la dejó nuevamente en la vereda para ver si su dueño aparecía.
Pero en una segunda oportunidad la perrita volvió “a tocar su puerta”, cuando una señora la llevó junto a ella al ver que tenía el moño que suele colocar a los animalitos. Desde ese momento la doctora Monges decidió abrigarla y darle un techo.
“Desde ese día se quedó acá, sacamos fotitos, publicamos en todas las redes por si se le había escapado a alguien y por lo visto nunca tuvo familia”, contaba la vete.
Ahora es la fiel compañera de la veterinaria. “Ella es mi copiloto, nos vamos a buscarle a todos los perros juntas. Cuando se acerca un limpiavidrios o vendedor ella por poco rompe el vidrio”, contó.

PEQUEÑITA
La doctora contó que cuando llegó a ella tenía más o menos entre 3 y 4 meses de edad, ahora está castrada y con el tema de que vino la pandemia la tuvo que llevar a su casa.

