Javier Rivas cuenta que “los bomberos me ayudaron muchísimo, gracias a ellos estoy con vida. Cuando ya me recuperé, tenía un amigo bombero y él me llevó al cuartel, habló con el capitán y me aceptaron como uno más a pesar de mi discapacidad, empecé como radioperador, mientras me acostumbra a una nueva forma de vida. Ahí entendí que el egoísmo es la verdadera discapacidad”.

“Perdí mi pierna y mi trabajo, nadie quiere como empleado a una persona con ese tipo de discapacidad”, se lamentó avei. Ahora Javier es chofer de los móviles y de la ambulancia.
“Ahora tengo que cambiar mi prótesis para poder seguir ayudando a mi comunidad, la que tengo ya no me sirve, se está aflojando y me está costando mucho ayudar así. No tengo trabajo, vivo de la voluntad de mis compañeros”, contó el bombero de 32 años. Una prótesis nueva cuesta alrededor de 17 millones de guaraníes.
Familia que vive para dar su servicio
En el caso de Dionisio, de 42 años, otro de los voluntarios de Paraguarí, él comenta que hace cuatro años ingresó al cuerpo. A los 19 años había perdido la mano y la movilidad del brazo derecho.
“Al principio me costó mucho, pero pude manejarme, aprendí a hacer de todo con una mano. Empecé a formar parte de los bomberos por insistencia de mi hijo, toda la familia somos voluntarios, mi hijo, mi señora y yo. La satisfacción más grande que tenemos al servir es cuando la gente a la que ayudamos nos busca para darnos las gracias”, comentó Dionicio.

