Llegó a 100 años con vori vori y locro he'i

Don Pablino Morel, a un mes de cumplir 101 años, recuerda con lucidez cómo eran las costumbre en su época de juventud y dice que ahora ya no se sabe lo que es el respeto. Oriundo de San Pedro del Ycuamandyyú, nacido el 2 de diciembre del 1919, don Pablino cuenta que cuando él empezó a llegar de visita por la que ahora es su esposa, una doña 20 años menor que él, las visitas eran también con los suegros, ya que en medio de los novios el papá y la mamá de la chica’i estaban sentados.

| Por Belén Vázquez
Don Pablino con su esposa, el día de sus cumpleaños numero 100. FOTO: GENTILEZA

“Demasiado feliz estábamos cuando había alguna fiesta, esa era mi oportunidad para conseguir algún besito, mientras mis suegros no estaban en medio de nosotros, lo mejor era que no había luz y se usaba 'lampium', eso alumbraba muy poco y ahí aprovechábamos todito el pytumby”, cuenta el karai.

“Muy diferente era antes, había mucho respeto, los hombres eran elegantes con el cabello bien peinado y corto, se usaba cinto, no como ahora se le ve a la juventud con el pantalón todo caído, con respeto se saludaba a los mayores, ahora la juventud no sabe lo que significa respeto, tuicha ocambiá la tiempo”, dice el don. “Yma ro karu pora vaekue, hasta ahora no tomo gaseosa ni empanada mba'e; vori vori, poroto y locro, eso tienen que comer especialmente las criaturas, de criaturas, pobre de nosotros si decíamos 'esa comida no quiero', arasa raka ligábamos y encima teníamos que comer doble la comida”, comenta

En el primer grado sabían ya leer y todo

“Antes no era obligatorio ir a la escuela, la mayoría solo trabajaba en la chacra, yo hice solo hasta el segundo grado, después ya empecé a trabajar en un yerbal, pero aprendí a leer y escribir muy bien. Cuando mis hijos se fueron a la escuela yo les enseñaba matemáticas, multiplicación, división y raíz cuadrada, hasta ahora sé hacer”, he'i el karai.

“El primer grado ya terminábamos leyendo y sabiendo sumar y restar, éramos muy respetuosos con nuestras profesoras, recuerdo que nos turnábamos para llevarle mandi’o mimoi con manduvi a la maestra para su desayuno o almuerzo, porque ellas venían de otro pueblo para enseñarnos, y cuando eso no existía la cantina”, recordó.

LA BENDICIÓN

“Cuando encontrábamos a algún familiar o persona adulta en la calle si o sí le poníamos la bendición, ahora las criaturas ya no saben que es eso”, contó el abuelo.

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