“Mi sala se convirtió en una chipería, tengo muebles repartidos por toda la casa. El tiempo daba, construimos un enorme tatakua en el patio que usamos 15 días, ahora ya compramos los hornos eléctricos”, relata Domingo Pereira cómo empezaron esta aventura de empreder en tiempos de crisis.
Domingo tuvo que dejar su estabilidad laboral para acompañar a su esposa Claudia en el comedor que ella atendía poco antes de que empezara toda la pesadilla del virus vai en nuestro país. Pero los números no cerraban con el costo del alquiler, bajaron las ventas y se vino con todo la cuarentena.
“Nos quedamos cinco de la familia sin trabajo, mi hija, mi hijo, mi nuera que es profesora y cobró el 30% de su salario, mi esposa tuvo que cerrar el comedor, pero optamos por seguir inviertiendo en la gatronomía”, contó. Fue así que nació la chipería móvil “Don Domingo”, adoptaron el nombre en memoria del abuelo y hace dos meses que todo marcha viento en popa. “No nos podemos quejar, tenemos mucha clientela ya para el poco tiempo de inicio a finales de agosto y ya recuperamos nuestra inversión”, dijo el hombre.

Descubrió que era “el uno para el otro” con su señora
Desde las 3:30 están con los ojos abiertos para tener toda la producción de chipa y cocido lista a las 5:00 de la mañana hasta las 11:30 horas para los que avei tienen que sudar la gota gorda al movilizarse en esa franja de horario laboral.
“Ahora diversificamos tenemos sándwich, pan dulce, chipitas, todo casero, mi hijo y yo preparamos, mi señora se encarga de las ventas y el marketing, pero toda la familia se involucra, estamos más tiempo juntos que antes, nunca imaginé que eso sea posible”, reveló. Domingo contó que hace 30 años que está casado, pero es la primera vez que juntos apechugan un único proyecto, antes dividían los esfuerzos.
“Hay que mirar el lado positivo, ahora nos conocemos más que nunca con mi señora y descubrimos que éramos nomás luego el uno para el otro. Compartimos en familia y nos escuchamos más”, señaló.

