“Muchos pudieron salir completos, pero otros no”

Por el “vamos a estar bien” en los asados domingueros muchas sillas quedaron vacías en las mesas familiares.

| Por Alex Noguera
Varias familias tuvieron que ser internadas por las complicaciones que genera el virus maldito.

Desde marzo todo cambió. El asado, las reuniones y conversaciones cargadas de risas y emociones con las personas importantes para los afectos personales pasaron a convertirse en un punto peligroso que podría terminar en la más dolorosa de las despedidas.

El covid-19 resultó ser el peor enemigo de los abrazos y momentos felices de las personas, convirtiéndolos muchas veces en una fría soledad que se apoderaba del alma.

Pero aún así, muchos no pelotearon el aislamiento, o lo que es peor, estuvieron obligados a dejarlo de lado y con el “vamos a estar bien” o “no nos queda de otra” terminaron acostados en la cama de un hospital.

La doctora Yolanda González, directora del Hospital Nacional de Itauguá, lamentó que durante todo este tiempo, desde el inicio de la cuarentena en nuestro país, tuvieron que atender a familias enteras contagiadas por el covid-19 tras algún probable “asado dominguero”.

“Las personas piensan que solo porque está con la familia no van a contagiarse del virus. Tuvimos casos de familias enteras que estuvieron hospitalizadas. Muchos pudieron salir completos, pero lamentablemente otros no”, dijo la profesional.

Si bien la enfermedad no conoce de razas ni colores al momento de contagiarse, a muchos les afectan más que a otros por lo que no todos pueden ganar la batalla.

“Generalmente son los jóvenes quienes, por algún motivo, llevan el virus a sus casas. Ahí es donde pierden a sus abuelas, abuelos o inclusive padres. Es terrible todo lo que nos hace vivir este virus”, mencionó la directora quien en las salas del Nacional de Itauguá fue testigo de ciento de historias.

INTERMEDIA

Ante la necesidad de camas, la doctora mencionó que armaron una zona en donde atienden a los enfermos delicados mientras esperan que se liberen las camas de UTI. “Es como una terapia intermedia”, dijo.

AGLOMERADOS

La lucha se da también con los familiares de los pacientes que por la preocupación se aglomeran frente al hospital. “En las altas también vienen a aglomerarse para recibir a sus familiares curados”, he’i.

Camas que no se usaban ya ¡están llenas!

La doctora González asegura que es la primera vez que pasan su día en medio de preocupaciones y lamentos. Explicó que las personas siguen creyéndose más fuertes que el virus y minimizan las reuniones que a la larga terminan en contagios masivos.

“Ese mínimo abrazo, ese mínimo contacto puede terminar en contagio. Es importante que se sigan utilizando tapabocas, lavaderos de manos y alcohol”, he’imi la doc. Mencionó que los hospitales están abarrotados y que hasta “me sorprendió la cantidad de camas que son utilizadas, camas que nunca habían sido ocupadas ahora están llenas”, aseguró.

A pesar de los jeja’o siguen al frente, he’i

La doc dijo que más allá de todos los jeja’o que reciben a diario de parte de gente que no entiende que no hay más camas, ellos siguen al frente. La doc he’i que “muchas veces se quejan porque no hay lugar, pero nosotros no negamos una cama a nadie. El problema es que tampoco podemos agarrar y sacarle a alguien sin estar en condiciones, de una terapia para meter otro o sacarle un respirador a uno y darle a otro”.

Ahí nomás tiró que “la gente tiene que entender la presión con la que se está trabajando en los hospitales, sobre todo en Central, donde estamos mal”.

“Este virus es traicionero”

Doctora Yolanda González.

Según explicó la doctora, muchas personas no saben la reacción del virus porque sin saber que ya están infectados, recorren dejando la “peste” ápe ha pépe provocando el contagio de más personas.

“Este virus es muy traicionero. La gente no quiere entender que ahora pueden estar hablando con sus seres queridos y después de dos minutos mueren de un paro cardiaco por culpa del covid”, le bajó.

Dijo además que están constantemente metiendo y sacando pacientes por culpa de la enfermedad sin dar tiempo al menos para un pequeño respiro para todos los profesionales.

“Mientras uno sale, otro ya ocupa su lugar. Inclusive hay personas que están esperando por las camas”, relató, asegurando que lo que se vive en los pasillos y salas ahora ya asusta.

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