Los griteríos, llantos, oraciones y hasta músicos desaparecieron y sólo la naturaleza acompañó el rito santo en la capital espiritual del país. El obispo hizo el recorrido solito en cumplimiento al protocolo sanitario, por lo que los demás sacerdotes no le pudieron acompañar.
De la tradicional procesión tampoco pudo participar la imagen de la Virgen, que solía recorrer entre la multitud de peregrinantes que llegaban desde todos los puntos del Paraguay.

PREOCUPACIÓN
Luego de llegar frente al santuario el obispo quedó mirando la plaza totalmente vacía, la cual generó mucha tristeza y preocupación en las autoridades religiosas por la costumbre que quedó afectada por el virus.

