Estamos hace 4 años juntos y nuestra forma de convivir siempre fue relativamente la misma.
Desde que lo conocí insultaba mucho dentro de su grupo familiar, no pasó mucho tiempo para que lo haga conmigo. Yo vengo de una familia dónde nadie me insultaba, ya que, las agresiones verbales estaban muy mal vistas desde un principio, y yo al ser tan sensible, cualquier agresión de cualquier tipo me hace llorar.
Mi pareja, cuando comenzó a insultarme a principios de la relación, dijo que era su forma de hablar desde hace mucho tiempo, y que no lo podía evitar. Era así con sus padres incluso, sentí que yo no podía ser la excepción de ese comportamiento siendo que se crío de esa manera.
Pero por otro lado, cuando se enoja mucho, golpea cosas, las paredes, el piso, un día cuando peleamos rompió una puerta, ya que se estresa cuando no pienso como él o bien no lo comprendo.
Últimamente ese comportamiento se me hace intolerable, soy demasiado sensible y me costó “normalizar” el abuso verbal y psicológico. Ya ese tipo de cosas me sobrepasan, no soporto que golpee las paredes en frente mío, me genera un dolor de panza muy grande y creo que un poco de miedo.
Yo lo amo, no peleamos siempre, de hecho casi nunca se pone tan agresivo como para golpear cosas, pero para mí es algo que no soporto a esta altura, quiero poder estar bien y lo intento, pero todos mis intentos son en vano.
Él dice que no lo amo y que nunca intento cambiar, haciéndome sentir que todas las cosas que hago intentando estar bien no valen de nada. Estoy muy cansada y ya no sé qué hacer.
A veces me dice que no quiere estar más conmigo porqué soy demasiado argelada, o no lo entiendo a él, a sus bromas y puntos de vista. ¿Qué me recomendaría?
LOURDES, DE AREGUÁ,
18 AÑOS
LA RESPUESTA: ABRIENDO LOS OJOS
Evita normalizar la violencia en la relación de pareja
A lo largo de la historia y de las prácticas culturales se fue normalizando la violencia en las relaciones interpersonales y en los vínculos más cercanos, lo cual invisibiliza esta problemática. Nadie es innatamente agresivo, en algunos casos es aprendizaje social, en otros es patológico, se aprende en la familia. A veces le queremos justificar a nuestro amorcito cuando está “un poco alterado”, en realidad lo que estamos haciendo es defender lo indefendible. No hay cura mágica para la violencia, hay que reaprender, resetear nuestro sistema mental, denunciar, pedir ayuda, sobre todo evitar normalizar.
No te sientas mal por no tolerar esos enojos, acordate que la violencia empieza con pequeñas cosas, te levanta la voz, te ningunea, golpea cosas, son señales que van aumentando con el tiempo. Estás a tiempo de hacer algo para generar un cambio, ponele un freno cuando subestima su capacidad, autonomía, independencia.
Dicen que el amor es ciego, pero hay momentos donde es necesario abrir los ojos, es necesario tomar acciones y que las promesas de no volverlo a hacer se traduzcan en decisiones para recibir tratamiento profesional. No estás sola, hay personas, grupos, instituciones que pueden darte una mano y salir de esa situación que genera tristeza a tu corazón.

