Sí, así mismo como lo lee. La supuesta escultura fue ofrecida en una subasta, pero lo más sorprendente en esta historia probablemente son los requisitos impuestos por su creador.
Según Garau, la escultura, que lleva el nombre “Yo soy” (Io sono, en italiano), debe colocarse en una casa particular, en una habitación especial libre de cualquier obstáculo y con dimensiones de unos 150 x 150 centímetros, según publica el diario Il Giorno. La iluminación y el sistema del control del clima, aparentemente, no son imprescindibles, pues no se podrá ver nada en todo caso.
Para quienes asumen que el artista los burló a todos, llevando el arte moderno a un nuevo nivel desde los tiempos de la banana pegada a la pared y valorada en 120.000 dólares, Garau tiene una respuesta contundente: no vendió un nada, vendió un vacío.

