El hecho se dio en la ciudad de Chivilcoy, provincia de Buenos Aires, donde un arriero de 55 años que está “adentro” por un caso de narcotráfico, sintió que era el momento de sacudir el esqueleto.
Es más, no solo craneó la megajoda sino que además se mandó tremendo negocio, porque no es que los invitados estaban ahí porque tenían “linda cara”. Nada que ver. A la entrada de la casa colocó a una persona que se encargaba de ¡cobrar entrada! ¡Ni Pablo Escobar se animó a tanto!
El “punchi punchi punchi” sonaba tan fuerte que los vecinos, hartos de no poder dormir, llamaron a la Poli. Los volái cayeron con unas cuantas patrulleras, porque además está prohibido aglomerar gente por el tema del covid-19, y comenzaron las estampidas.
Para colmo de males, una vez que la Policía llegó encontraron que dentro de la casa del valorazo había menores de edad que le estaban dando duro al trago.
Las mismas tuvieron que ser “rescatadas” por sus padres de la comisaría.

