“Mis mejores clientes son futbolistas y me traen sus botines ya en muy mal estado y yo les dejo como nuevo, por eso me dicen que soy el terror de los zapatos”, comentó. Tiene entre los más fieles a jugadores conocidos como Derlis Orué, Tobías Vargas, y varios jugadores de primera de Luqueño.
“Muchos piden para que se les arregle porque ese botín tiene un valor sentimental muy grande para ellos, no porque no puedan comprar otro”, señaló.
Don Miguel contó que ya quedan pocos zapateros, muchos dejaron la compostura para dedicarse a otra cosa, porque los clientes en su mayoría no vuelven a retirar sus calzados.
“Nosotros vivimos de las reparaciones que hacemos al día, y si un cliente no retira no cobramos y para colmo usamos por la reparación nuestros materiales, si no se retira hay algunos que después de un tiempo se puede vender para recuperar lo invertido”, dijo.
Dice que antes de la pandemia tenía casi 5.000 clientes, se dedicaba también a la confección de calzados, vendía más de 10 pares a la semana, ya que los zapatos que hace son “prácticamente eternos”, he’i.

