“No tiene ningún sentido”, he’i kuehé el presidente de la Cámara Industrial Paraguaya de Motocicletas y Afines (Cipama), Jorge Samaniego, por la ordenanza aprobada en la Junta Municipal, “que regula la conducción de motocicletas” en el territorio de Asunción.
“La venta de motos se hace por transacción privada, no puede estar regulada por una regla de tránsito”, lamentó ayer el empresario.
Según la reglamentación, que ahora está a la espera del visto bueno del intendente Arnaldo Samaniego para ser aplicadas sus disposiciones en las calles capitalinas, la empresa concesionaria deberá vender la moto al cliente con la patente respectiva. También exige que los motocas lleven grabados en su casco y en su chaleco reflectivo, tanto los de él como del acompañante, el número de chapa aveí. Para colmo, prohíbe a las estaciones de servicio despachar combustible a los motoqueiros que no cumplan con este requisito, es decir llevar registrado en el casco y el chaleco el número de chapa de su biciclo.
“No hay forma de entregar con patente”, insistió Samaniego, “ya que debemos poner a nuestro nombre y luego transferir” las motos, explicó.
LAS MULTAZAS
Desobedecer la ordenanza le costará al infractor algo así como 20 jornales (1.275.560 guaracas) como base, hasta 2.700 jornales (172.200.600 guaracas). La reincidencia producirá la deshabilitación de la concesionaria aveí. Pero resulta que la empresa importadora siempre vende a otros distribuidores y estos a su vez a otros, es decir no se sabe quién va a usar amó hapópe la moto.