Chuta gracias a una carismática
Un soplo en el corazón casi frustra su sueño, pero el mal “desapareció”. Para él fue un “milagro de Dios”
Por Juan V. Duarte
Elvis Marecos (31 años) es un tipo de perfil bajo. Pero en esta nota nos cuenta cosas de su vida, que muy pocos saben. El lateral del Aborigen, a cada rato lo recuerda y ahora dice que jugar al fútbol es un sueño para él. Nos cuenta el motivo.
- ¿Por qué te parece un sueño esto del fútbol en un país futbolero?
- Y porque antes no podía jugar, te hablo de cuando era chico. A mí me diagnosticaron soplo funcional en el corazón.
- ¿Y qué pasó después?
- Yo me iba mucho junto a una señora que es carismática, me iba a misas de sanación porque no me resignaba a no jugar al fútbol. Periódicamente me hacía mis estudios hasta que una vez esta señora me dijo que ya me había curado.
- ¿Y fue verdad?
- Me fui corriendo junto a mi mamá, pero ella me dijo que no podía ser, que hacía unos días nomás me hice mis estudios. Entonces, le pedí para que me vuelvan a revisar y luego de mucho insistir accedió y me hice dos en un mismo día. Fue increíble, pero de verdad había desaparecido la enfermedad, así de la nada. Gracias a esa señora y a mi fe.
- ¿Qué sentiste en ese momento?
- Imaginate, yo me iba a practicar en el club Sol Paraguayo de Itauguá y los profesores ya no querían que juegue por temor a que me pase algo, y eso me abrió el mundo.
- Después ya todo fue diferente.
- Sí, todo se me fue dando, fue como un sueño porque jugué en todas las selecciones desde las Sub 17 hasta la mayor. Nunca más volví a sentir nada de mi enfermedad.
- ¿Cuál fue tu momento más feliz como jugador?
- Cuando salí campeón con Guaraní (Apertura 2010), fue mi primer título. Y, lógicamente, jugar en la selección. Haber jugado la final de la Copa América es algo que nunca voy a olvidar.
Su hermano Salvador
Todos saben de la gran amistad entre Elvis y Salvador Cabañas. “Él es mi hermano, compartimos muchas cosas juntos, desde jóvenes”, afirma.
- ¿Qué sentiste cuando te enteraste de lo que le pasó?
- No quería creer, mi hermano me llamó y le dije que capaz había escuchado mal, pero cuando lo vi en las noticias me quedé en el aire.
- ¿Cuándo lo volviste a ver?
- Fue cuando vino de la Argentina a escondidas. Sus padres me llevaron a su casa y me quedé impactado. Lo único que quería era llorar, pero me aguanté y traté de hacerle bromas y recordar los momentos que pasamos juntos. Ahora lo veo y estoy muy feliz de que pueda volver a jugar.
- ¿Te frustró tu fallida transferencia a Cerro?
- En su momento sí, me quería ir por muchas cosas. Reconozco que fallé con la gente de Guaraní, con la Directiva y la hinchada, porque ellos me dieron todo. Incluso después, todo lo que me prometió Cerro me lo dio la gente de Guaraní, incluso más, por eso solo tengo palabras de agradecimiento. Hoy en día, Guaraní es mi casa.
Se el primero en comentar!