Una máquina de groserías sin humor
¿Qué es un artista? A esta altura no tengo la más pálida idea. ¿Qué es el humor? Menos todavía. ¿Raúl Melamed está loco? ¿Es gracioso en “Baila conmigo”?
Me gustaría contestarme, pero ninguna de esas cosas importa para estar en televisión. Todo es muy subjetivo. Pero digo, un tipo, o varios, como Raúl Melamed, se para en un escenario o se sienta en un set de televisión, y en dos horas y media de espectáculo sin demostrar talento artístico, empieza a describir situaciones sexuales más allá de lo permitido por el horario. Yo no suelo estallar en carcajadas nunca, a no ser que esté comiéndome un asado con amigos, que a veces dicen cosas que me hacen reír sin ganas. Le pregunto a uno de ellos si leyó el cuento que le pasé, y me dice “en mi vida he visto una bosta igual”. Entonces escupo los dientes y la ensalada. Pero no me río fácil. Cuando alguien me dice “prendé la tele, te vas a cagar de risa”, por lo general voy y no me cago de risa y menos con Melamed que busca dentro de sus “idas” levantar a una de las modelos o bailarinas de “Baila conmigo”.
Claro, que para eso no usa como inspiración un poema de Elvio Romero, acude al lenguaje quizás de los “Wachiturros” donde tirarse a la cama y hacer que tomen “su helado” de “yogurt” es la máxima expresión.
Corro con desventaja en explicar a los chicos, que hasta las 21.00 horas miran la televisión, qué quiere decir “agáchate que te abrocho”. Raúl Melamed improvisa, y de la gran siete, pero lo desperdicia en groserías no aptas para el horario de 20.00 a 21.00 horas sobre todo. Si aprovecha mejor ese tiempo y pasa por una abstinencia “sexual-mental” para descargar su sabiduría con otras frases, sería más aportante al programa.
Pero lastimosamente es así. Del arte de estar en la tevé se ha pasado a la discusión de “tengo un caño escondido dentro de mí” estamos lejos de que sea humorístico o artístico. Lo digo como un espectador común y silvestre sin tantas teorías sobre lo que está bien y está mal.
No usa como inspiración un poema de Elvio Romero, acude al lenguaje quizás de los “Wachiturros”
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