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César Benítez: un futbolista con uñas de guitarrero

VACACIONES. César Benítez, antes de regresar a Brasil, recibió a QTAL! en su casa.
  • PROFE. El ahora jugador del Coritiba de Brasil, estando en Cerro enseñaba a unos 20 péndex a tocar la guitarra. Aquí, en una entrevista imperdible, nos cuenta su historia

04-05-cesar-benitez-0076– ¿Cómo empieza esta historia de romance que tenés con el fútbol?

– Yo empecé en la escuela de fútbol del club Capitán Alfonso Del Puerto, en San Ignacio, Misiones. Tenía 4 años. El club quedaba a tres cuadras de mi casa. Yo me iba con mi hermano mayor, nos íbamos caminando, él es un año mayor que yo.

– ¿Entonces te colaste detrás de tu hermano?

– Lo que pasa es que yo también me quería ir a practicar y mis padres me compraron todo para mi equipo para irme detrás de mi hermano.

– ¿Y queda siempre ese cariño por ese club, esa cancha donde un jugador da sus primeros pasos?

– Siempre. Cuando tengo tiempo me voy con mis hermanos, con mis tíos o mis primos a visitar el club, llevamos pelotas, botines y le metemos un chute entre los parientes y amigos. Yo les suelo llevar esas indumentarias que utilicé en el año, para regalarles a mis hermanos, primos y amigos de allá. Nos equipamos todos para irnos a la cancha.

– Qué lindo… ¿Y en el colegio eras buen alumno?

– Sí, mis notas eran todo cinco, re-bocho era, en el colegio también. Yo completé la secundaria, pero por falta de tiempo nomás no pude ir a la Universidad. Yo seguí acá en Asunción el colegio y terminé acá, pero por el tema del fútbol mis calificaciones bajaron un poco. Tenía un tres y yo ya me desesperaba todo. La Universidad es una materia pendiente que tengo. Yo quiero asistir a clases, quiero aprender realmente, pero el fútbol te absorbe mucho tiempo y es imposible hacer las dos cosas.

– Vos lo que no querés entonces es hacer esos cursos medio a distancia que algunos hacen.

– Yo no quiero pagar nomás y no asistir, famoso que después te dan los temas del examen para rendir nomás ya, pero yo no quiero eso, quiero estudiar bien. Ahora, cuando me deje del fútbol yo no tengo ningún problema para irme a estudiar una carrera. Ahora por ejemplo voy a estudiar cosas pequeñas, como el inglés. Cuando salís al exterior te das cuenta de la importancia de manejar otros idiomas. Con mi señora justamente hablamos de eso. Además de los viajes con el club o la selección, un par de viajes de vacaciones hicimos con mi familia y realmente hubo momentos en que necesitamos del inglés. Por eso ahora voy a estudiar ese idioma, por la importancia que tiene en el mundo, porque donde uno se va, se habla inglés.

– ¿Dónde vas a estudiar, cómo vas a hacer con el problema de tiempo?

– Y voy a aprovechar que mi suegro es profesor de inglés, voy a estudiar con él, ya que se va a adecuar al tiempo que yo disponga.

CERRO PORTEÑO

– En Cerro estuviste mucho tiempo, ¿cómo llegaste de Misiones hasta Barrio Obrero?

FAMILIA. Disfruta de la compañía de su familia, en su casa.
FAMILIA. Disfruta de la compañía de su familia, en su casa.

– Cuando tenía 13 años me trajo el señor Antonio Gavilán, el papá de Diego Gavilán. Con el papá de Roque Santa Cruz, don Aproniano, me trajeron. Nosotros habíamos jugado un amistoso con el club Fernando de la Mora. Yo estaba todavía en el Capitán Alfonso del Puerto. Don Gavilán era directivo del club, y vio mis cualidades y me llevaron a probar en Cerro y me quedé. Yo jugaba al fútbol por diversión, nunca dije, por ejemplo, quiero llegar a ser Guido Alvarenga o Jorge Campos, que eran jugadores de renombre de esa época. De ellos me recuerdo porque jugaban en Cerro en ese tiempo… jajaja… Cuando jugaba de mitã’i yo me hacía la película de que era gua’u uno de ellos, pero nunca dije que quería llegar a ser como ellos o que iba a jugar en Cerro Porteño. Nunca se me pasó por la mente eso. Cuando vine a Cerro mis padres me hablaron muchísimo, me dijeron que esto era una oportunidad para mí, un millón de cosas me dijeron, y ahí yo asimilé las cosas. Cuando vine me quedé en la casa de don Antonio Gavilán, me tuvieron más de dos años con su familia, en su casa, yo era un hijo más en la familia. Una casa enorme, una mansión era, yo por primera vez veía una casa así de grande.

– ¿Qué recordás de tu debut en Primera?

– Mi debut en Primera no me asustó para nada, ya que mi ascenso fue lento, tranquilo, seguro. Yo había debutado a los 19 años, en un chute ante Rubio Ñu. Ya estaba acostumbrado al público, porque cuando estaba en la Reserva los clásicos se jugaban como preliminar, con estadios llenos, allí más o menos ya sabía lo que era jugar bajo presión.

– ¿Quiénes eran tus compañeros de habitación en las concentraciones?

– En las concentraciones de Cerro estábamos generalmente entre tres o cuatro, a mí me tocaba estar con Piris, Luis Cardozo, Tito Torres. Y en los últimos tiempos me tocó estar con Alexis Gonzalez, Rodrigo Rojas.

“IBA POR MAL CAMINO”

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– El fútbol te da fama, dinero y seguro que eso mismo a veces trae momentos difíciles…

– Me recuerdo que en el 2011 nos eliminamos en semifinales en la Libertadores, y yo no es que me creía que era demasiado famoso e importante, pero sí sentí que me iba por mal camino. Pensaba que todo el mundo ya me conocía. En ese año también me había casado. Una vez Villarreal -Javier- me invitó para cenar en su casa, iban a estar varios compañeros, estábamos cinco parejas y Javi con su señora y una pareja desconocida. Me recuerdo que había un DVD de un cantante, que yo no conocía en ese momento, una música tranquila, suave, era Jesús Adrián Romero. Después de la cena, Javi trajo una Biblia y yo me dije: “¿mba’e pio koa?”, tipo, ¿qué pío va a hacer? Medio que me puse en una actitud de rechazar lo que me iba a decir sin saber que lo iba a hacer. Pero, en fin, le presté atención, él dio su testimonio y se me quedó hasta ahora una frase de Javi que dijo esa noche, que “la Biblia es el manual del ser humano”. Fue algo muy fuerte, yo me recuerdo que el otro día me fui directo a “Reflexiones”, que es una librería cristiana, me fui a comprar dos Biblias y un devocional y así empecé mi relación con Dios. Ahora me congrego con mi familia en la iglesia Ejército de Salvación.

EN BRASIL

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César Benítez chuta en Coritiba de Brasil. Recuerda que cuando le llevó su representante se quedó en un hotel durante un mes. Después consiguió un departamento y llevó a su familia.

“Lo que me facilitó bastante fue la presencia de Lucho Cáceres allí, fue importantísimo, porque los primeros dos meses que yo estaba allí, le escuchaba hablar a dos brasileños y yo no entendía una jota de lo que decían. Lucho nos ayudó a los tres luego de los que estábamos allí, a Nery, a Ortega y a mí. Él nos traducía algunas palabras que no entendíamos”, comentó. “Por lo menos de lo que quería el técnico ya entendíamos, ya pillábamos lo que quería decir”, recuerda.

– ¿Qué tal es Paulo César Carpeggiani?

– El primer día que llegó Paulo Cesar Carpeggiani al club nos llamó a Nery y a mí y nos dijo “me gustan mucho como juegan los paraguayos, como ustedes sabrán, yo dirigí a Paraguay, y ustedes van a tener la oportunidad de jugar conmigo”. Allí nosotros dijimos “ndeeeee…” Re-motivados nos quedamos al escuchar que el entrenador mismo nos diga eso. Y desde esa vez ya no salimos.

GUITARRERO

A César Benítez le apasiona también ejecutar guitarra. “Yo estudié guitarra un año y medio en un instituto de música y ya tenía más o menos un poco de conocimiento. Esa base me sirvió para enseñarles a los mitã’i y a las personas que querían aprender un poco de música y que justamente son de la iglesia”, comentó.

“Yo di la idea y me ofrecí para enseñarles, para armar un grupo de alabanza y muchos chicos se prendieron. Acá en casa les enseñaba, así cuando tenía tiempo, por supuesto, cuando estaba jugando en Cerro”, dijo. César llegó a tener 20 alumnos de guitarra antes de rumbear a Brasil.

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