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LOS CHILAVERT DIERON SU VERSIÓN DE LO QUE PASÓ EN UCRANIA

“LA VIRGENCITA NOS SALVÓ”, HE’I

Los obligaron a tomar ¡y casi los matan! ra’e

La conferencia de prensa dejó sentir el miedo que en su momento pasaron tanto Rolando como su hijo, sometidos y maltratados

Los días fueron pasando. Las heridas comenzaron a cicatrizar. El trago amargo que debieron soportar empieza a ser digerido. Ahora, ese ayer se comienza a reescribir con otra letra. La que padre e hijo, Rolando e Iván Chilavert, utilizan para dar su testimonio aún con secuelas por la cantidad de cosas malas que pasaron en tan pocas horas.

“Queremos decir nuestra verdad, solamente nuestra verdad, porque somos personas honestas y dignas. Queremos limpiar nuestro nombre. Ante la ciudadanía estamos haciendo esta conferencia para que ustedes entiendan la situación en que estuvimos”, comentó Rolando.

Relató que, empresario de por medio, empezó la aventura que luego sería una película macabramente pensada. El que rompe en lágrimas y no aguanta el peso del recuerdo es Iván. Sus manos se muestran temblorosas y dejan sentir el miedo que corre aún por sus venas.

Sometimientos y maltratos más amenazas de muerte son las constantes en su relato. Solo el desahogo viene cuando esa religiosidad que solo el paraguayo tiene sale a flote: “Mi madre antes de salir me entregó a la Virgen María y me dio una cruz. Así como se dijo, que ni Jesús sale de Odessa, la Virgen María salió con nosotros”.

Confiesa que, más allá de las imágenes que se ven en los videos, la realidad es totalmente diferente. “Nos dijeron que esa noche (al día siguiente que llegaron) debemos tomar (alcohol) porque el General (el poguasu que iba a pagar todo) va a tomar. El General pidió vino y nosotros cerveza, pero luego pidió tequila que pensamos era agua. Tomó tres shot y luego pidió sopa de verduras y nosotros teníamos que tomar todo lo que él pedía. Luego empezaron a traer shot que era color café con leche y nos daban de tomar una y otra vez”, dijo Iván.

Le llamó la atención que una persona filmaba todo. Se le acercó y le reclamó, pero recibe un empujón que lo tira al piso. “Lo único que recuerdo es que mi papá dijo ‘no maten a mi hijo’”, relató Iván y su padre interrumpe relatando que al ver a su hijo en el piso gritó “matenme a mí, pero no a mi hijo”.

El masaje de la discordia y los insultos

Cuando llegaron a Odessa, Iván cuenta que “Fernando (Martínez Vela) nos dice que es costumbre rusa que se le regale masajes al invitado. Nosotros nos negamos. Ahí se pusieron agresivos. En todo momento nos insultan que por culpa de los paraguayos negros, indios, se quedaron sin masaje, que nos merecemos bala”, dijo Iván, quien agregó que “en todo momento estuvimos amenazados de muerte”.

Las imágenes no cuentan la verdad

“Si ven el video que me hicieron bajar el pantalón parecía espontáneo, pero no era así. No sabemos qué pasó, ya que después nos encontramos en la habitación con mi hijo”, contó Rolando. Dijo que el viernes 4 despiertan sin su dinero ni pasaporte, por eso llaman a su hijo que quedó en Paraguay alertándole de lo que les pasó.

“Creemos que todo fue montado, no sabemos por qué. Le conté todo a mi hermano y le pedí que dé con las autoridades paraguayas porque estábamos atrapados. Fue ahí que mi hermano hizo la denuncia”, afirmó Iván.

¡Hasta José Luis estaba en peligro!

Iván, en otro momento de la entrevista comentó que “Fernando (Martínez Vela) había dicho que le conoce al representante de peloteros Augusto Parajas y mi hermano le pide a mi tío José Luis que le hable a Parajas para saber si sabe algo. Parajas llama a Fernando para preguntar y es ahí donde Fernando Martínez se enoja y nos amenaza. Dice que no le va temblar la mano para secuestrar a mi tío en Argentina y torturarle”.

Sus vidas corrieron riesgo y escaparon de milagro

Los Chilavert debían ir al Consulado en Kiev para poder hacerse el pasaporte de emergencia y regresar a Paraguay. Tenían que hablar en guaraní con los diplomáticos para que nadie se entere de lo que estaban conversando.

“Lo único que traje es una mochilita. Mi papá salió del hotel así mismo, sin nada, dejamos todo. Teníamos el respaldo de 2 policías de la Cancillería ucraniana y las autoridades nuestras, más diplomáticos de allá. En total 6 personas que pudimos salir rápidamente con vida”, he’i.

Rolando interrumpe y hace una salvedad: “Querían utilizar nuestro nombre, a mi cuerpo técnico, abrir una cuenta corriente, hacer el lavado correspondiente y pagarnos lo que se les antojaba. Pero ellos no se imaginaron que íbamos a tener la posibilidad de que mi hermano Jose Luis iba a llamar al Presidente de la República”.

Contaron que el español le “baja” seguido

En un momento del relato, los Chilavert cuentan que el español que los contactó “inhalaba cada diez minutos. Andaba con dos dados y una bola con lo que jugaba con la mano. Hacía (imitaba) voces y hablaba como 7 idiomas”. Por suerte, el guaraní no era uno de ellos, que también jugó un papel clave. Iván cuenta que “le decían a mi papá ‘por qué habla un alemán tan cerrado’, porque nosotros hablábamos guaraní para defendernos. 24 horas estábamos siendo agredidos psicológicamente”.

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