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“Me llegaban cosas raras al trabajo, parecidas a gallinas con fotos mías”

  • Licenciada Rocío Paredes
  • Psicóloga Clínica

Estuve de novia con un señor mayor, muy cariñoso al principio, pero siempre nervioso y altanero, prepotente que le gustaba tomar especialmente vino. Después de tres años decidimos casarnos.

Todo muy bien, viajábamos juntos de vacaciones, pero aunque yo soy profesional y trabajaba afuera me trataba como una empleada más que le tenía que poner todo, comida, ropa planchada.

Llegaba la noche, yo terminaba cansada, los fines de semana quería descansar, pero no podía por las múltiples obligaciones; mientras que él tenía mujeres por todos lados, todos sabían menos yo.

Cuando lo acompañaba por los lugares donde él atendía como profesional, todos sabían que alquilaba un departamento al lado de su lugar de trabajo.

Yo lo aguardaba en una de las salas de espera y él iba en ese lugar con otra mujer con la que se veía y le enloqueció.

La mujer tiene 37 años y él 66 y todos sabían, menos yo, hasta que ella empezó a llamarme a mi lugar de trabajo, dándome todos los datos de donde se veían.

Sé que le saca dinero para asegurar la estabilidad de su familia, gente muy baja que recurre a la brujería, cosa que no es eterno; aparte, nadie puede contra Dios.

Mi esposo se volvió cada vez más agresivo hasta llegó a golpearme, yo decidí salir de la casa hace casi dos años, vivo sola y recuperándome de todo lo mal que pasé y lo que me hizo esta señora.

Me llegaban cosas raras a mi trabajo, cosas podridas como parecidas a gallinas con fotos mías, no las revisé bien, los guardias de mi trabajo se encargaban de tirar. No me daba miedo ni nada, no creo en esas cosas, uno hace porque quiere.

Con mi ex llevamos una buena relación, hasta hoy me saluda, hablamos, nos damos abrazos, pero hasta ahí, Dios se encargará, lo único que no me gusta es que él sigue celoso. Yo no tengo odio en mi corazón.

Hace 4 meses volví a conversar con un amigo, con quien hubo algo hace 15 años y decidimos salir, compartir juntos.

Puedo decir que el tiempo o esos años que pasé llorando por el marido que me hizo sufrir tanto se está borrando y estoy empezando a olvidar. Tengo 42 años y creo que merezco ser feliz. JAZMÍN, 42 AÑOS, DE CIUDAD DEL ESTE.

 

LA RESPUESTA: VOLVER A EMPEZAR

Sola o en los brazos de un nuevo amor

Superar una ruptura amorosa requiere muchas veces de dos condimentos, una buena dosis de valentía y tiempo que se convierte en aliado para curar las heridas.

Tras una separación siempre hay un tiempo de espera o duelo, como se dice, donde se deja que el torrente de emociones estalle hasta volver a la calma.

Es un proceso, algunos tardan más que otros en aceptar el nuevo escenario sentimental y cada uno lo vive diferente también, habrá días en que puede darse una tristeza, por más que haya sido quien se decidió salir. Algunos celebran la soltería recuperada.

Todo depende del tiempo de relación, la intensidad del sentimiento y las experiencias compartidas, esa inversión emocional que uno hace.

Hay cinco etapas de un desamor, que son negación, cuesta asimilarlo al principio, por el impacto o carga social que le damos. La segunda etapa es el enojo, un estado de rabia por todo.

Después hay como una negociación donde algunos vuelven a caer con el ex, algunos tratan de hacer cualquier cosa por recuperar la relación, unos se arreglan, otros empeoran la situación.

Se atraviesa luego por una fase de bajón anímico, pero a la vez comienza a ser más objetivo reconociendo que no hay marcha atrás hasta llegar a la aceptación.

Una vez que se pasa por toda la argelería de una separación, allí recién la persona comienza a visualizar un nuevo futuro sola o en los brazos de un nuevo amor.

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