
El ñandutí fue declarado días atrás por la Secretaría Nacional de Cultura como patrimonio cultural inmaterial nacional, debido a que forma parte avei de la artesanía simbólica del país.
La red de creatividad, de finos trazados en hilo se empieza a enseñar desde muy temprana edad, como en el caso de Romina Vera (28), quien empezó a tejer desde los siete años. Su mamá le enseñó y ahora trabajan juntas.

“Las 6 hermanas de mi mamá y ella tejen el ñandutí, y aprendí de la familia. A mí me encanta, más todavía que veo que ahora recién se empieza a valorar más el ñandutí, antes no tanto. Se usa mucho ahora, sobre todos los jóvenes que piden en detalles para regalar, y entre las bailarinas. Esto de declararlo patrimonio cultural nos ayuda mucho a los artesanos”, comentó Romi a Crónica. Ella avei modernizó la venta del ñandutí, ya que con su mamá, Justina Guerrero, tienen una página en Facebook que se llama “Justi Creaciones”, donde venden sus trabajos.
“Con la declaración también afuera se ya va a saber que el ñandutí es nuestro. Porque andan ko queriendo agarrarse de lo que es de acá nuestros vecinos. Pero con el ñandutí no van a poder porque se nota luego que es nuestro”, comentó la mitãkuña.
Felices porque se protege el complejo trabajo que hacen

La profe Ángeles Paniagua, directora del taller Ymaguare, he’i que es un logro que hoy tengamos un marco legal que proteja el conocimiento de las tejedoras. “Es fundamental para la revalorización, teniendo en cuenta que a pesar de ser un tejido nacional tan representativo de nuestra cultura, aún se dificulta vivir de ese conocimiento como tejedora muchas veces. Por ejemplo, como taller en Ymaguare, por medio de la enseñanza impulsamos esa valoración, las chicas que toman el curso inicialmente lo hacen porque les encanta el ñandutí, pero en cada clase van descubriendo que tiene un trabajo complejo y que requiere de un tiempo que normalmente no es similar a otro tejido”, comentó la capa.


