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Salvador Hícar: Nieto de un “turco” que se refugió en Paraguay”

SECRETO. “Era prohibido hablar de ese tema”, nos dice Salvador, en referencia a los motivos que hicieron que su abuelo dejara su territorio de origen, una aldea que hoy queda en Irak.

HEREDÓ. Algo que caracteriza a los inmigrantes de los territorios árabes del siglo pasado es que eran muy laburadores y sabían hacer plata. Salvador empezó a trabajar a los 14 años.

HEREDÓ. Algo que caracteriza a los inmigrantes de los territorios árabes del siglo pasado es que eran muy laburadores y sabían hacer plata. Salvador empezó a trabajar a los 14 años.
Hoy vamos a conocer la historia familiar de Salvador Hicar, quien tiene un apellido muy poco común. De hecho, al conversar con él nos enteramos de que, en realidad, es único, había sido, porque su abuelo, de origen sirio-libanés, se anotó con otra identidad, con un apellido que creó junto al juez de paz que lo inscribió cuando llegó a Paraguay. “Mi abuelo era lo que se conoce como ‘turco’, que es el mote que se puso a los que vinieron de la región árabe de aquella época compartida por Siria, Turquía, Líbano, Irak… La aldea originaria de ellos está hoy en territorio iraquí”, empezó contándonos el periodista de Unicanal y la 650 AM.

– ¿Cómo se llamaba él?
– Saba Vin Aicar se llamaba mi abuelo, pero se anotó nomás ya como Salvador Hicar.

– Vos llevás el nombre de tu abuelo, entonces…
– Sí, pero siguiendo con el cambio de nombre, eso no fue un error de quien le registró. Los inmigrantes que vinieron en las primeras décadas del siglo pasado, ellos mismos decidieron cambiar sus identidades. Hicieron como una paraguayización del apellido. Daniel Nasta hizo un libro sobre los árabes en Paraguay, donde está también esto que te comento de la paraguayización de los apellidos. Son muchos.

¿Te contaron la historia de cómo vino tu abuelo, si de qué se escapó?
– Muy poco porque había como una especie de prohibición de que los hijos sepan las razones de por qué vinieron ellos. Pero igual sabemos, casi todos corrieron por cuestiones religiosas. La mayoría de los que vinieron eran católicos o cristianos. Vos, en esa época, no eras musulmán y estabas muerto. Entonces, era escaparte de ese peligro buscando iniciar una nueva vida bien lejos. Muchos vinieron a esta región, algunos se quedaron en Paraguay, como pasó con mi abuelo.

– ¿Dónde se instaló tu abuelo, cuando llegó a Paraguay?

– Ellos vinieron por el puerto de Buenos Aires. Se repartieron. Los que llegaron a Paraguay se fueron a distintos lugares, entre ellos están Santaní, Caacupé, Itauguá, Asunción. Mi abuelo se instaló en Caacupé. Tenía su casa en la esquina de donde hoy está la Basílica. Vinieron dos hermanos, uno se fue a Perú y mi abuelo se quedó en Caacupé. Allí conoció a Natividad Fleitas, de una de las familias tradicionales de la zona. Se casaron.

– Los “turcos” tienen fama de tener una gran capacidad de hacer plata.
– Todos vinieron sin nada, con sueños de trabajar y crecer. Y eso hicieron. Eran macateros, salían a hacer sus ventas a caballos, en carretas con bueyes. Mi abuelo estaba bien posicionado, pero después vino la revolución del 47 y se quedó sin nada, le quemaron toda su casa. Empezó de cero.

– ¿Eso se transmite de generación, esa capacidad de trabajar, de producir?
– Sí, eso se transmite y queda. La mayoría tiene el concepto de que son tacaños. Pero hay que rescatar que la mayoría en determinadas circunstancias perdieron todo, como pasó con mi abuelo. Pero tenían la capacidad de levantarse. Mi papá entraba en el colegio San José de Asunción, mi abuelo estaba muy bien. Hemos estado arriba, abajo, siempre peleamos.

– ¿Tu papá cómo se llama?

– Papá se llama César Abraham Hicar.

APUNTABA PARA EL COMERCIO, PERO…
Como nieto de un “turco” e hijo de comerciantes, Salvador nos cuenta que en su casa le veían a él con un potencial candidato para dedicarse al comercio, pero no. Le salió el Periodismo en el camino y no desaprovechó la oportunidad. Pero así también, a sus 14 años ya estaba recorriendo medios en Asunción, viajando todos los días en colectivo desde Caacupé. “En mi caso no apunté al comercio. Nosotros teníamos una despensa, mamá y papá. Yo atendía en el almacén. La idea inicial era dedicarme agrandar el negocio. Pero no se dio, mi destino laboral estaba en otra cosa”, nos dijo.

– ¿En el periodismo?
– Sí, a los 14 años ya vine a Asunción para hacer volanteadas (ir a las canchas a recoger noticias de partidos). Me agarraron en radio Comuneros, donde trabajaba los domingos, y un año después también entré en el diario Hoy a hacer de practicante. Al primer mes ya me pagaban. Al final, ni siquiera puedo decir que fui practicante. Siempre había uno que tenía día libre. Los 6 días a la semana cubría a alguien y cobraba bien. Los domingos hacía otra vez mi volanteada. Cuando cumplí 18 años ya me pusieron sueldo de periodista y ya tenía IPS. Me pagaban por coberturas.
Probablemente, sin imaginar, eso de tener esas ganas de trabajar y de ganar mi dinero venía de mi abuelo.

– ¿Qué te decía tu papá?

– Le conté a mi papá cuando empecé. Él me preguntó si quería venir (de Caacupé a Asunción). Le dije que sí. Eso representaba viajar todos los días en colectivo desde Caacupé. Yo entraba en el Nacional de Caacupé a la mañana. Salía del colegio, subía al colectivo y ya venía a trabajar. Cuando terminé la secundaria ya vine a quedarme en Asunción. Viví en varios lugares. Papá, en realidad, era medio reticente a aceptar que venga a trabajar en Periodismo. Él me esperaba en el negocio familiar. Pero, por otro lado, también ellos estaban encantados de escucharme en la radio y leer algo que publiqué.

– ¿Desde mitã’i escribías bien?
– Según Ramón Acosta, quien era mi jefe, escribía muy bien. Para ser un pendejo que todavía iba al colegio, redactaba muy bien. Eso me decía.

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