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“Lloronas” ahora lloran, pero por la pandemia

Son mujeres contratadas para llorar a moco suelto sobre el ataúd de un muerto al que no conocían. Familiares de una persona –que acababa de viajar al más allá– les pagan la angustia para que ese difunto tenga una despedida más emocionante.

Aunque usted no lo crea, aquel “oficio” antiguo conocido como las “lloronas” de los velorios y funerales sigue en vigencia en nuestro país. Bueno, al menos hasta antes de la pandemia del covid-19. Es que las pocas “lloronas” que quedan ahora lloran de verdad porque en esta época de crisis esta vieja costumbre “onda teatral” de fingir dolor al lado del cajón de un finado ya no se puede hacer. “Quedamos muy pocas ‘lloronas’ aquí en el país. Pero como ahora está prohibido los velorios y asistir a los entierros en los cementerios como que la pandemia terminó por sepultar nuestra labor. Esperemos que resucite cuando todo pase, pero ahora ya no se come de eso”, contó a Crónica Marizza Mereles, quien junto a un grupo de doñas se dedica –a la par de sus otros trabajos– al laburo de llorona.

Marizza tiene 39 años y comentó que empezó como “llorona profesional” desde jovencita. “A los 17 años más o menos. Trabajábamos en un teatro nomás y después surgió así para hacer de verdad y de ahí no paramos. Participamos en muchísimos velorios. Anteriormente nos contrataban mucho más porque trabajábamos con una funeraria. Luego la gente nos comenzó a contratar gracias a gente que requirieron nuestros servicios; es decir, de boca en boca. Antes de esta pandemia fue la última vez que estuvimos en un funeral, después ya no”, finalizó.

PRECIOS

Marizza comentó que los precios de los llantos depende mucho del cliente. Por lo general se negocia de acuerdo a las posibilidades de los familiares del difunto.

VECES

“La verdad que llegué a participar en cientos de velorios. Ya no recuerdo la cantidad. Ahora ya casi no hay ‘lloronas’, quedan muy pocas”, comentó Marizza.

“Nos ponemos en el lugar de los familiares”

Actualmente son poquísimas las mujeres que siguen con este “oficio”.

Marizza deja en claro que ir a llorar en los velorios no es diversión. “Es como un hobby y un trabajo, pero no es diversión, aclaramos eso”, comentó. “Primeramente estaba en un grupo que hacíamos esto. Luego nos dejamos y después volví, pero ya con otro grupo. Somos tres las que íbamos a los velorios y entierros”, explicó.

Agregó que el servicio de llantos, rezos y lamentos de doñas vestidas de negro por lo general son solicitados por gente pudiente. “Más bien gente de plata lo que siempre contrata. Como que les cuesta llorar”, dijo. “Nosotras nos ponemos en el lugar de los familiares. Sentimos mucho por lo que el pariente mismo no siente. A muchas personas que no les importa la persona que se fue”, finalizó.

Creerse que el difunto es un familiar

Ya no pueden ir a los velorios y entierros por culpa de la pandemia.

Marizza está convencida que esta tradición resurgirá cuando todo esto de la pandemia del coronavirus termine. “Esperemos que así sea”, comentó.

La joven “llorona” dijo que muchas veces al participar de algún velorio o entierro se quedaron con un sentimiento especial: “Nos metemos de lleno en el personaje, por decirlo de alguna manera, y casi siempre te quedas con esa impresión de que esa persona es más familiar tuyo que de la persona que te contrató. Yo al menos soy muy sensible y siempre me pasa eso”, confesó. “A veces el cuerpo estaba en la funeraria sin nadie y nosotras teníamos que recibirles a los amigos y conocidos del difunto”, finalizó.

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