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“Ver la iglesia vacía me da ganas de llorar”

Este año la Virgen festejará su día “sola” y a puertas cerradas. Muchos siguen sin entender…

Calles vacías, vallado de punta a punta, policías custodiando la entrada a la iglesia, recomendaciones a los fieles de quedarse en casa… Esa es la postal de un día de noviembre del 2020, a dos semanas de la gran fiesta de la santa patrona en la Basílica de Caacupé.

La Virgencita India también vive un año atípico a causa de una pandemia. Atrás quedó todo el bullicio, niños sacándose fotos sobre el famoso caballito, peregrinos vestidos como la Virgencita Azul, pagando alguna promesa a la Madre de Dios. El covid hizo que las caravanas de los promeseros no puedan ascender las lomas de Caacupé.

Este año el replicar de las campanas de bronce no podrá llamar a los fieles para el ñembo’e. Solo queda pedir a la Virgencita que escuche los ruegos de su pueblo y que el milagro llegue a ellos.

“Siento una tristeza enorme que no sé cómo explicar, estoy muy decaído, esta festividad quedará para la historia. Es muy triste ver la iglesia vacía. En esta época era una gran fiesta, había mucha gente que llegaba de lejos, pedía un lugar para descansar. Ahora con el silencio que hay solo me dan ganas de llorar”, expresa con los ojos llorosos Daniel Servín, servidor desde hace 34 años, en la capillita de la Basílica.

“Mucha gente sigue llamando para poder asistir a la misa del 8 de diciembre y duele mucho tener que decirles que lastimosamente no podremos recibirlos, muchos no pueden creer todavía que la misa se va a hacer a puertas cerradas. Todo esto es muy extraño para mí, quisiera entender por qué está pasando esto”, he’i.

NOVENA DE 80

El 28 inicia la novena, solo 80 personas podrán participar de la misa, previamente agendadas. El día 8 de diciembre la celebración eucarística se hará a puertas cerradas.

Antes se iban más en joda, ahora rezan

Por otro lado, los pocos fieles que llegan esporádicamente, lo hacen con devoción. A diferencia de años anteriores, entran a rezar a la Basílica.

Con la fe puesta en sus brazos, confía en un milagro de la Virgen.

“Este año, a pesar de todo, vi un gran cambio en la poca gente que viene. Entran y se ponen a rezar. No viene gente joven con ropa escandalosa. Parece que toman más en serio esta situación. Antes se sacaban fotos en la puerta y después ya se iban. Hay un gran cambio, muchos venían para joder, algunos querían entrar tomados o se quedaban en la plaza a farrear. Ahora toman más en serio su peregrinación, la situación actual parece que les asustó”, cuenta Hilario Rojas, empleado desde hace 23 años en la Basílica.

Vino de Ciudad del Este para hacerle un pedido especial

Jesús Cáceres llegó desde Ciudad del Este con su doña para hacerle un pedido especial a la Virgencita: hace dos años perdieron un bebé que nació prematuro, contó el muchacho, y para que lapa pueda volver a encargar vinieron a hacerle el pedido especial a la Madre de Dios y de paso aprovecharon para llevar hasta su valle una feroz imagen, que también forma parte de la promesa.

“Nuestra promesa era venir caminando en su día, pero como no se va a poder, aprovechamos de venir antes de que se prohíba el ingreso a la Basílica, sabemos que ella nos va a entender, no nos animamos a caminar pero llegamos junto a ella”, comentó el joven que quiere otro bebé.

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