Con una sonrisa, un apretón de manos y un abrazo fraterno, recibe a cada cliente. El karai tiene 75 años de una vida honrada trabajando por las calles ofreciendo su producto y se ganó el respeto y la admiración de todos en el barrio y en otras ciudades hasta donde llegó con su carrito.
“Todos me conocen como ‘Ñandu’, casi nadie sabe mi nombre. Te lo voy a decir para que salga en la nota, me llamo Natalicio Servín, para servirle. ‘Ñandu’ me dicen porque anteriormente, allá por 1970, cuando aun no había agua corriente en Lambaré, me dedicaba a acarrear en mi carro que tenía la inscripción ‘Ñanduti’, desde las aguaterías hasta las casas.
Desde ahí todos me llaman ‘Ñandu’ por Ñanduti” he’i el hombre. “Después entró Corposona y ya no pudimos vender (el agua). Y hace varias décadas que vivo de la venta de pororó. A veces, la plata no alcanza, pero la seguimos remando”, cuenta con un trato cordial.
“Yo no paro de trabajar porque quiero demostrar a los jóvenes que en la vida hay que luchar y sacrificarse. Por eso salgo a la calle todos los días. A mi, trabajar me da vida”, tiró.
El don mantuvo a siete hijos (dos de ellos ya fallecidos) con sus ventas. “Somos humildes, pero creo que logré inculcables el valor de la honradez en el trabajo”, finalizó.

“El sacrificio y la honradez te sacan para adelante”, he’i
Desde chiquito, en su querida ciudad de Emboscada de donde es oriundo, don Natalicio aprendió de su madre una palabra que aplicó a cada etapa de su vida: honradez. “El sacrificio y la honradez son lo que te sacan para adelante. Así nomás es”, dijo.
Su vida estuvo llena de esfuerzos, contratiempos y sinsabores. “Tuve muchos accidentes en los diferentes trabajos que realicé. El último, en el 2004 una camioneta me atropelló, mi carrito quedó inservible y yo desde ese día rengueo, porque tengo prótesis de platino”, comentó.
Pese a todo ello, don “Ñandu” les puso pecho a las adversidades y a los obstáculos que la vida le presentaba. “Nada me va a parar para que yo siga trabajando. Es lo que más amo hacer. Por eso todos los días salgo a la calle con mi carrito para ofrecer mis bolsitas de pororó”, dijo.
Adoptó a una niña y le dio amor

Don Natalicio tiene tantas cosas que contar que el tiempo no alcanza. Y hay algo especial que el don -junto a su esposa ya fallecida- realizó y que le llena de orgullo. Pese a que la plata no sobraba en la casa, la pareja rescató y adoptó a una niña, según comentaron, por las malas condiciones en que vivía. Hoy, esa niña tiene 17 años. Se llama Clara y solo tiene palabras de agradecimientos hacia don “Ñandu”.
“Toda la vida me dio su cariño, su amor y le estoy profundamente agradecido. Mi vida se la debo a él y a mi mamá que ya está en el cielo”, dijo la adolescente.

