Incrédulos, los del norte de Africa fueron a pedirle explicaciones al árbitro, que asumió su error y reanudó el duelo. Cuando el balón llevaba solo unos segundos rodando, le sacó una roja directa a un jugador de Mali.
La cosa fue a más y solo cuatro minutos después, en el 89, Sikazwe volvió a hacer sonar su silbato antes de tiempo, sin añadido, pese a que en la segunda parte se habían dado hasta nueve cambios, dos penaltis, un gol y la mencionada expulsión.
El banquillo de Túnez saltó como un resorte y tanto jugadores como el cuerpo técnico acorralaron al africano para pedirle explicaciones. Mientras, los malienses aplaudían la decisión, aliviados por el final del partido y con los tres puntos en el bolsillo.
Furioso, el equipo de Túnez se fue a los vestuarios sin saber que al esperpento aún le faltaba un último acto. Sikazwe, ante las protestas, decidió hacer volver a ambos equipos para acabar el partido por todo lo alto, haciendo que se jugase el descuento aunque solo Mali saltó al campo. Finalmente, tanto él como sus asistentes tuvieron que ser escoltados por la policía fuera del terreno de juego.

