El joven relató que, siendo civil, aceptó un laburo que le ofreció la Policía para hacer ndaje servicios adicionales; tras acordar todos los términos del “contrato”, Castro fue derivado al Club Huirapuca para iniciar la tarea, que consistía en hacer rondas por las instalaciones, en un horario que iba desde las 22:00 horas hasta las 07:00 de la mañana.
Hasta ahí, todo bien, hasta que recibió una escopeta con balas de goma, para llevar a cabo su trabajo de seguridad. Lo que no avisó es que no sabía nada de armas, lo que en un momento dado, derivó en una tragedia.
Es que Castro, al bajar la escopeta sobre el escritorio, accidentalmente se disparó y con tanta mala suerte que le impactó en la mano y le reventó dos dedos.

