"Los patos de Humberto", así se los conoce. Hoy quedan como un legado para todos los que visitan el Parque Ñu Guazú. Allí está también un vivero de A Todo Pulmón, con variedad de especies de arbolitos, también un legado de él.
Humberto Rubin asistía al Parque Ñu Guazú en forma diaria; últimamente, lo hacía día de por medio, para contemplar la naturaleza, sentado en una silla que él mismo llevó y que hasta hoy está allí, junto a la laguna. Allí disfrutaba de sus patos, a los que les daba de comer.
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