Los estupefacientes eran vendidos a los clientes “especiales”, en una bodega de bebidas, que tenía como anexo la venta de moñitos de crack, cocaína y marihuana.
La mujer, conocida como la “reina del crack”, y su mena montaron en Pedro Juan Caballero la bodega, desde donde operaban para la venta de la droga y en abundancia.
El negocio ya se había clausurado en una oportunidad, justamente luego que agentes antidrogas, hicieran un allanamiento al lugar donde hallaron algunas evidencias de la mercadería.
En esa oportunidad, había quedado detenida la hija menor de la pareja, de nombre Liz, quien al poco tiempo, salió libre porque aparentemente no se comprobó su implicancia en el caso.
Transcurrido un tiempo, los esposos volvieron a abrir el negocio que había sido clausurado, pero esta vez con una sucursal ubicada en la zona. Lo que sí, en ambos locales volvieron a vender los estupefacientes, por lo que la Senad volvió a intervenirlos y ya en el nuevo allanamiento, requisaron un kilo de cocaína de alta pureza, y miles de moñitos de crack listos para la venta al menudeo.
Un detalle importante que fue descubierto, fue el aparente lenguaje que utilizaban para vender el producto, de modo a chulear a las autoridades.
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