El fuerte olor que salía de una bolsa le llamó la atención y pensó que se había tirado allí un animal muerto; pero al abrirlo, quedó casi mudo, según dijo a medios locales.
El ataúd de un angelito, con las ropitas del difunto adentro y un olor nauseabundo, fue lo que el hombre vio en el lugar. Con un grito desesperado alertó a todos los comerciantes que quedaron con el Jesús en la boca tras presenciar la triste escena.
De inmediato dieron aviso a las autoridades, quienes llegaron rápidamente al lugar y llevaron el pequeño ataúd para intentar dar con los innombrables que cometieron el sacrilegio.
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