Todo pasó hace un año atrás. El hoy sentenciado a cadena perpetua, estaba tomando a dos gargantas cuando de golpe se quedó si cerveza. Fue hasta una estación de servicio para comprar más, pero al entrar, el joven estudiante que en ese momento estaba atendiendo, le pidió que se ponga el tapabocas, atendiendo a que se estaba en plena oleada del Covid-19.
Tal vez por el alcohol que tenía encima, o tal vez por ser así, el fulano entró en corto y desafió al joven. Luego de una discusión, se mandó a mudar. Pero no todo acaba ahí: un rato después volvió con un arma de fuego y disparó hasta matar al chico.
A pesar de reconocer que fue el asesino y que estaba arrepentido, la Justicia le cayó con todo y no tuvo piedad, así como él con el joven, y lo condenó a pudrirse en la cárcel.
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