Expertos en la política brasileña coincidieron en que Lula tiene ventaja. No solo por el poco más de 48% que logró en la primera vuelta sino porque en las últimas encuestas que se hicieron a nivel país, saca hasta un 7% de ventaja sobre su contrincante.
Pero hay una carta que aún no se jugó y que puede definir el tablero: hay unos 30 millones de brasileros que están entre el voto en blanco y la indecisión, representando cerca del 20% del electorado.
Con ese ambiente, entre denuncias de Bolsonaro por corrupción contra Lula y las reprimendas de este hacia el mandatario por la mala gestión que asegura tuvo en estos últimos cuatro años, la mesa está servida para que los rapai se ensucien el dedito y decidan quien los gobernará en este nuevo periodo democrático en Brasil.

