La mayor, de 33 años, desde hace poco más de un mes que está sufriendo glomerulonefritis membranosa, o sea, que su riñón comenzó a trabajar mal hasta llegar a una insuficiencia que limitó su vida. Seguir con esas condiciones era un camino seguro a la muerte.
Allí apareció su hermana, de 28 años, quien no dudó ni un segundo en hacer todo lo que sea posible para poder seguir abrazando fuerte a su “otra mitad”. Es tanto lo que se quieren y lo que se admiran que ambas, inclusive, cursaron y se recibieron de la misma profesión.
Un equipo multidisciplinario conformado por cirujanos vasculares, anestesiólogos, nefrólogos, urólogos, instrumentadores quirúrgicos, enfermeros circulantes y asistentes de enfermería tomó la posta a este acto de amor.
Dieron su apoyo profesionales de diversas áreas, tales como terapia intensiva, banco de sangre, imágenes, laboratorio, farmacia, servicio social y del personal administrativo del Hospital de Clínicas.
Sus conocimientos y el amor que existe entre estas hermanas hizo posible que una vida se salve. Que una familia se fortalezca. Y que la esperanza de estar mejor se mantenga viva.
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