Las quejas se dieron a patadas, incluso por parte de los censados, quienes se mostraron disconformes por las respuestas que brindaban muchos de estos servidores. Más de uno se quejó, por ejemplo, de la falta de calcolmanías, que de alguna manera garantizaban que la vivienda de uno ya fue censada.
“Apenas me censaron todo, la chica se fue, sin dejarme la calcomanía y cuando le reclamé, me dijo que -así nomás-”, disparó una doña censada. Otros tiraron dardos a los jóvenes por que a la hora de disipar dudas, respecto a algunos puntos sencillos del formulario, la cosa se embarraba aún más.
Otros van un poco más allá de las cosas y se preguntan el por qué ahora tienen que ser ellos quienes deban llamar a pedir que se les haga el censo, cuando el trabajo de los organizadores fue un verdadero desastre. Muchos ya no quieren saber más nada del supuesto tiempo para “la recuperación de datos”, que se hará a partir de ahora y aseguran que no llamarán.
En definitiva, un sinfín de disconformidades que dejó esta actividad, que bien pueden leerse en las redes sociales y en todos los informativos de los medios de comunicación, de punta a punta voí.
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