I Love Veterinary, en su muro de Facebook, comentó que en una primera exploración, el veterinario no encontraba la causa. El examen oral daba resultados dentro del estándar y en las radiografías torácicas no había nada que encendiera las alertas.
Como no sabía para donde ir, se le ocurrió que sería buena idea hacerle una radiografía lateral del cráneo. Ahí dio en el clavo. Había sido que el cachorro se había tragado una piedra y se fue a parar a la nasofaringe, lo que le producía esos estornudos tan extraños.
Al respecto, en el muro advirtieron que las piedras pueden producir heridas y desgarros en el perro a su paso por la garganta y en el sistema digestivo. Si son piedras lisas, además, sus cantos facilitan que el perro se las trague como si nada.
Por eso, hay que tener cuidado con jugar a lanzarle piedras a tu perro para que las atrape como si fuera una pelota.
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