Al menos cuatro arrieros armados “disfrazados” de repartidores se metieron al interior del lugar y comenzaron a pelar al rollete a punta de arma. Como en esas películas de robo donde los tipos entran de una por la puerta principal amenazando a todos.
No se salvó nada que tuviera valor. Dinero, celulares y relojes formaron parte de un menú que no tuvo “viro”, porque ¡se llevaron hasta las grabaciones de las cámaras de seguridad!
Una vez que terminaron con el asalto, se subieron a las motos que estaban afuera, en la vereda, esperando por sus dueños. A simple vista, para quienes no sabían lo que pasó dentro, era una situación “normal”, ya que a los ojos del rollete se trataba de cinco trabajadores quienes iban a repartir comida sin imaginarse jamás que el único “delivery” que hubo fue el que llevó cosas ajenas a sus bolsillos.
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