Hablamos de Jennifer Rodríguez, la atleta del Team Paraguay en los Juegos Odesur que se ganó el corazón de todo un país compartiendo su historia de lucha en aquel momento. Su emprendimiento, el “Kioskito del Amor”, en el que vende medialunas y otros productos, fue tema de conversación y emoción en todo Paraguay. Hoy, su negocio, ubicado en Luque va creciendo y Jennifer le agregó un plus más: la tecnología.
A través de los smartPOS de Bancard ofrece alternativas y facilidades a sus clientes en las formas de pago, y con eso, sin dudas, las ventas se disparan. “La gente llegaba y me preguntaba ‘Jennifer, ¿tenés pos’?, entonces comencé a estudiar qué era eso y cómo me serviría. Comencé a preguntarme por qué me piden pos, y entendí que la gente se maneja ya digitalmente, entonces averigué cuánto sale uno. Tan grande fue mi sorpresa, que caí en manos de Bancard, y uno de su gente con tanto amor y paciencia me explicó durante 12 horas qué era un smartPOS y cómo me servía. Es un paso gigante”, explicó.
“Con esto gano movilizar la economía de mi país tecnológicamente. También darle la facilidad a mi cliente a que tenga la paciencia y me diga ‘te pago con QR, acá tenés mi tarjeta, etc’. Es conectarte con tu cliente y darle lo mejor”, señaló. “Entendí que un pequeño kiosko, trabajando bien, puede ofrecer una buena tecnología y lo mejor a su cliente. Con Bancard logramos eso”, expresó.
“El otro día, un joven quiso pagarme con el pos agua y hielo y le dije que no le podía cobrar. Para darte un ejemplo, hay gente que no se maneja con efectivo. Hay que pensar en ellos”, sostuvo.

El comienzo de un "emprendimiento" en medio de las adversidades
Jennifer Rodríguez es una de las atletas más ganadoras de nuestro país. Posee casi 600 medallas ligada al mundo de la natación y en los últimos Juegos Suramericanos representó al Team Paraguay en la modalidad de waterpolo, pero para llegar allí tuvo que sortear varios obstáculos en su vida.
Su historia emociona. La atleta paraguaya contó que padecía de tumores, es madre de tres hijos y en un momento dado pensó dejarlo todo por amor a ellos ya que uno de ellos sufrió quemaduras de tercer grado por un 'desafío de Tik Tok', y que dicho suceso despertó el autismo en su pequeña hija de 2 años.
En medio de dificultades económicas, problemas de salud y su rol de madre, esposa e hija, Jennifer no bajó los brazos y decidió ponerle pecho a las adversidades. Fue así que “kioskito del amor” comenzó.
“En pandemia (2020) se cierra todo. El futuro era incierto. Me di cuenta que tenía que hacer algo porque ya pillamos que eso iba a ser largo, que las cosas no se iban a abrir en 6 a 1 año, que iba a estar complicado. Entonces, le pido a Dios que me ilumine y que me diga qué podría hacer, porque en mi área de deportista y entrenadora no iba a tener trabajo”, comenzó contando.
“Fue así que comencé haciendo panes y medialunas, y salí a vender a los cinco almacenes a mi alrededor. Recuerdo que esa noche terminamos con un poquito más de 100 mil guaraníes de ganancia. Ahí entendí que eso podría ser una gran ayuda para mi familia. Y así comenzó esto y fue creciendo”, añadió.
“Decía que no iba a pedir ayudar, qué solo me compren mi producto. Ofrecía mis productos, se acercaron entrenadores, mis compañeras, mis exalumnas y empecé a vender medialunas por todas partes. Dios ponía en mi corazón y yo obedecía y trabajaba”, sostuvo.
“Previo al Campeonato Sudamericano de 2021, mi hijo con discapcidad cognitiva, que ahora tiene 13, pero que en aquel entonces tenía 11 años, fue víctima de un desafío de TikTok, en donde resultó con quemaduras. Estuvimos 30 días en terapia. Y cuando salimos tenía G. 50.000 en mi bolsillo porque su tratamiento fue largo y costoso”, dijo.

“En ese tiempo, fui hasta una panadería Dulce María, y me donaron un kiosquito de madera. En principio les iba a comprar, pero después la señora vio mi historia y me dijo que por el día de la madre me regalaban. Luego, varias alumnas del ASA se pusieron en campaña y me llenaron de productos el kioskito y ahí comencé a trabajar bien”, señaló.
Posteriormente, su pequeña de dos años (ahora tiene 3) fue diagnosticada con autismo. Sus hijos de por sí necesitaban todo su cuidado y amor, que en ningún momento les faltó, porque dejó a un lado su profesión, creó su kiosco y se dedicó a cuidarlos. “Mi objetivo era sacar adelante a mi familia. Comenzamos a vender empanadas, de todo un poco. Todo fue por ellos”, comentó.
La llegada de los Juegos Odesur
“En ese tiempo aparece los juegos Odesur, que para mí estaba lejos, era un imposible prácticamente. Pero le expliqué a mi familia que significaba esos juegos para un atleta y que me quería retirar con honores”, señaló.
Pero en ese lapso apareció otro problema. “Hicieron una publicidad de odio en Tiktok y mi negocio cerró. Pero tenía mis clientes fieles que me compraban desde el portón de mi casa. En ese lapso comencé a vender también antes de ingresar a entrenar. Así pagué hasta mi gorrita de los juegos, no le debo nada a nadie. No le causé gastos a mi país, al contrario, le serví como una atleta en 33 años y con más de 600 medallas”, dijo.
“Seis semanas antes de las competencias aparece un tumor en el útero, llegué a tener una descompensación total. Los médicos no querían que jugara, pero Dios hizo otro milagro en mi vida, pude competir y hoy estoy bien gracias a Él”, recalcó. “A pesar de que uno tenga dificultades económicas y de salud, si se le pone garra y corazón, Dios te da las armas”, señaló.
“Me llamaron vieja y acabada, que ya no servía para nada. Pero Dios y los paraguayos me premiaron. Terminó los juegos Odesur y aquel 1 de noviembre, tuve una conversación a solas con Dios, le dije que ya no podía más. Pero Él transformó mi vida y lo que se me dio yo transforme en trabajo”, agregó.

Dio trabajo a varias personas
Ni bien se viralizó su historia, entre la noche del lunes y la madrugada del martes 8 de noviembre, el Ministro de Deportes la visito en su kiosko de Luque e hizo entrega de un lote de peluches de Tiríka para ser comercializados en el “Kioskito del Amor”.
“En 72 horas los paraguayos, la gran mayoría padres de exalumnos trajeron las cosas: me regalaron el kiosko nuevo, horno, dos mesas de panadería, dos vitrinas y un visicooler nuevo. De la plata que me donaron compré la amasadora y convertí en trabajo para más paraguayos. Estoy muy agradecida con todos. Dios puso ángeles en mi camino”, dijo emocionada.
“Ahora trabajan conmigo cuatro personas dentro del kioskito, dos maestros panaderos y dos asistentes de cocina. E indirectamente afuera tres personas más. Vamos creciendo paso a paso”, contó.
“Se me regalo un kiosko nuevo, pero no se me regaló la garra para hacer crecer esto. Convertí lo que se me dio en trabajo para más paraguayo y eso me emociona mucho. Toda mi vida fui disciplinada, competí, pelee y así seguiré siempre”, finalizó.

