En el estado de Missouri, Estados Unidos, hace poco menos de dos semanas se tomó la decisión de desenterrar los restos de la hermana Wilhelmina Lancaster, de la religiosa Orden de San Benito, quien fue además la fundadora de las Hermanas Benedictinas de María, Reina de los Apóstoles, allá en 1995, a sus 70 años de edad.
La idea era trasladar sus restos hasta un lugar de descanso final en plena capilla, como se hace, por tradición, con fundadoras de órdenes religiosas.
Sin embargo, el cuerpo fue hallado “incorrupto”, como se dice entre católicos cuando la descomposición natural no se presenta. Lo que hace aún más increíble este hecho es que el ataúd presentaba rajaduras y signos de humedad, o sea, estaban dadas todas las condiciones para que los microorganismos actúen. Aún así, el cuerpo se mantuvo intacto.
Es por ello que, desde que se dio a conocer la noticia, ya fueron miles de personas las que se acercaron a rezar junto a los restos de la fallecida hermana, a la que consideran una verdadera señal divina.
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